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Ver más grande En el Londres asediado por los constantes bombardeos alemanes del Blitz, la anciana Claire
Temple se halla perdida en el oscuro laberinto de su propia casa. Su mundo, aquel en el que era la
escritora de moda, una elegante femme fatale que iba de fiesta en fiesta rodeada de amantes,
pretendientes y los novelistas más celebrados, parece desvanecerse junto a su memoria. Las
calles han cambiado, cada vez son menos las visitas de sus viejos amigos, las sirvientas la tratan
como a una niña pequeña e incluso la vieja mansión que fue testigo de aquellos tiempos gloriosos
se ha convertido en tierra de nadie, varada entre los ecos del pasado y las difusas sombras de un
presente incierto. Publicada en 1944, No había ventanas es una cruda, conmovedora e inquietante
novela que explora tanto la soledad, la nostalgia y la desolación de la vejez, como el aislamiento, la
desorientación y la lucha desesperada contra el olvido de la demencia. Tal y como nos recuerda
Marta López en su posfacio, la obra maestra de Norah Hoult es «una disección de la identidad, una
reflexión sobre aquello que hace que seamos nosotros mismos o dejemos de serlo».